No importaba que los demás en
No fue nada elaborado. Regresaron al Café Luna, cerca de la plaza de Tlaquepaque. Alejandro pidió dos cafés y un pan dulce para compartir. Mariana se rió.
—Nunca querías venir aquí. Decías que el café estaba muy dulce.
—Antes era un idiota —respondió él.
7
Ella soltó una risa genuina.
Esa risa fue el verdadero comienzo.