Tres años después de nuestro divorcio, mi exesposa me llamó con un “regalo

Ambos se agacharon y lo rodearon con sus brazos, riendo y llorando al mismo tiempo.

Un año después, Alejandro y Mariana volvieron a casarse.

Esta vez no hubo gran recepción ni lista de invitados obligatorios. La ceremonia fue íntima, en una pequeña hacienda en las afueras de Guadalajara, rodeada de flores blancas y música suave, con Mateo caminando entre ellos llevando los anillos en una pequeña caja de madera.

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Cuando el juez preguntó si deseaban unir sus vidas nuevamente, Alejandro miró fijamente a Mariana y respondió:

—Sí, acepto. Esta vez, para cuidar lo que no supe valorar antes.

Mariana, con los ojos brillantes, respondió:

—Sí, acepto. No porque hayamos olvidado el pasado, sino porque aprendimos de él.

Mateo aplaudió antes que nadie.

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