—¡Volvemos a ser familia!
Las risas recorrieron la sala.
Alejandro lo alzó en brazos y le besó la frente.
7
—No, campeón —dijo con emoción—. Nunca dejamos de serlo. Solo nos tomó tiempo encontrarnos.
Mariana los abrazó a los dos.
Y mientras el sol se ponía sobre Guadalajara, Alejandro comprendió que el «regalo» que Mariana le había prometido nunca fue solo Mateo.
Fue una segunda oportunidad.
Una oportunidad para ser padre.
Para amar sin egoísmo.
Para volver a casa.
Y esta vez, no tenía intención de dejar que nada de eso se escapara.