—No quiero pedirte que olvides nada —dijo—. Solo quiero pedirte permiso para caminar contigo de ahora en adelante, sin huir, sin mentiras, sin orgullo.
Mariana lo miró con lágrimas en los ojos.
—¿Sabes cuánto tiempo esperé escuchar eso?
7
—Lo sé. Y sé que llegué tarde.
Ella apretó su mano.
—Llegaste tarde como esposo… pero llegaste a tiempo para ser el padre que Mateo merece.
Alejandro sonrió con tristeza.
—¿Y para ti?
Mariana sostuvo su mirada durante un largo momento. Luego, sin prisas, apoyó la cabeza en su hombro.
—Para mí… también llegaste a tiempo.
Mateo vino corriendo hacia ellos en ese instante.
—¡Abrazo familiar!